Palabra
de origen francés que designa lo ingenuo, sencillo o candoroso.

Corriente estética que utiliza lo fresco y espontáneo en sus obras, mucho
colorido y escasa técnica. Es un arte libre de convenciones, que se mantiene
incontaminado, próximo a sus orígenes de inocencia creativa y al margen del
circuito artístico- social

Palabra de origen francés que designa lo ingenuo, sencillo o candoroso.

Corriente estética que utiliza lo fresco y espontáneo en sus obras, mucho
colorido y escasa técnica. Es un arte libre de convenciones, que se mantiene
incontaminado, próximo a sus orígenes de inocencia creativa y al margen del
circuito artístico- social.

Su estimación como arte (ya que siempre ha habido un arte popular o de
aficionados) se produce a partir del rechazo a los academicismos, por lo que
los vanguardistas rescataron lo naïf desde la indiferencia en que se
encontraba, para instaurarla como otra vertiente valedera. Pero es precisamente
debido su creciente valoración, que lo naïf es cada vez más un estilo adoptado
conscientemente, que un arte espontáneo.

La esencia y el carácter
del arte naif brotan en el campo anímico de la inocencia y la sencillez. Si el
artista naif renuncia a ellas, pone en peligro el clima específico de su arte.

A lo largo de años o decenios de actividad artística, aquel perfecciona su
técnica y puede moverse con más libertad en la materia de su composición. En
cambio, si su sensibilidad y receptividad disminuyen, si empieza a repetirse y
se pasa a la producción en serie, puede suceder que pierda en ingenuidad y en
espontaneidad imaginativa...

Término utilizado para calificar la producción pictórica, escultórica o
arquitectónica elaborada por una persona que, por lo general, no posee
formación artística previa.

En la mayoría de los casos los artistas naïf han sido autodidactos. Se han
utilizado numerosas expresiones para calificar a este arte (arte innato, arte
instintivo, neoprimitivismo) y a sus autores (pintores ocasionales, maestros
populares de la realidad, primitivos modernos), pero ninguna de ellas parece
totalmente satisfactoria. Si el arte naïf está, por lo general, al margen de la
historia de los estilos, escuelas o vanguardias, sin embargo, sus autores,
aunque no hayan recibido formación académica alguna, no viven fuera del mundo y
son sensibles a sus orígenes, a las artes y tradiciones populares (forja,
cerámica, madera, tejidos, bordados, encajes) o a modelos académicos ampliamente
difundidos, desde los calendarios de correos de antaño a los catálogos y la
publicidad del mundo moderno.

Entre los más destacados representantes del arte naif se
encuentra el pintor francés Henri Rousseau, conocido como el Aduanero.
Movimientos vanguardistas como Der Blaue Reiter subrayaron, además, la
importancia del naïf en la evolución del arte moderno. La Exposición Universal
de París de 1937 dio a conocer a muchos de estos artistas. Después de la II Guerra Mundial se
multiplicaron las exposiciones: Baden-Baden en 1961, París y Rotterdam en 1964,
la exposición itinerante de artistas naïf americanos en 1967-1968, Zurich en
1975 y la retrospectiva de Rousseau en 1984-1985 en el Grand Palais de París.

Actualmente son numerosos los pintores naïfs reconocidos en Europa: Aristide
Caillaud en Francia, Orneore Meteli en Italia, Miguel Vivancos en España y
Théophilos Hadzimichael en Grecia. En los países socialistas, con un arte
ligado al folclore nacional, se han desarrollado verdaderas escuelas de pintura
naïf, con el georgiano Niko Pirosmanachvili en Rusia e Ivan Generalic en
Yugoslavia. En Estados Unidos, el movimiento naïf tuvo su máxima expresión en
la tradición artística de los pioneros y de los retratistas ambulantes, siendo
Edward Hicks uno de sus representantes más destacados. En América Latina, el
arte naïf, siempre relacionado con las tradiciones ancestrales, está a menudo
ligado a diversos cultos animistas.

Existen diferentes museos dedicados a este estilo artístico, como el de Laval,
ciudad natal de Rousseau.

de Arte y Estilos